- Enfermedades psíquicas y nerviosas:
estrés y efecto bornout.
- Percepción por el profesorado: síntomas y causas.
- Consecuencias del estrés y del bornout.
- Ayuda frente a estas situaciones.
- Enfermedades de la voz.
- Enfermedades oseo-musculares.
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1.- Enfermedades psíquicas y nerviosas: estrés y efecto bornout.
El estrés, de la misma manera que la sal, en cantidades y condiciones adecuadas,
no sólo no es algo malo, sino algo necesario que puede ser decisivo o, al menos,
muy importante para tener una vida satisfactoria. Ahora bien, un exceso de estrés,
lo mismo que la sal, puede ser perjudicial o, incluso, biológicamente nefasto para
la salud.
Últimamente, en el ámbito de los docentes, se habla mucho del estrés y del efecto
bornout ("síndrome del profesional quemado"), usándose indistintamente estos términos
y, a veces, incluso confundiéndolos. Aunque fuertemente relacionados entre sí en
cuanto a su significado, no es lo mismo estar estresado que estar "quemado".
El estrés, normalmente, surge cuando un individuo está sometido a fuertes demandas
conductuales que le resultan difícil llevar a cabo. Sin embargo, el efecto bournout
se origina por la percepción de una discrepancia significativa cuando los profesionales
han sobrepasado su capacidad de reacción de una forma adaptativa. Su rasgo fundamental
es el agotamiento o cansancio emociona o, lo que es lo mismo, la sensación de no
poder dar más de sí mismo a los demás. Acercándonos definitivamente a la comprensión
de estos dos vocablos, llegamos a la propia definición de su significado.
ESTRÉS: representa la suma de cambios no específicos en el organismo en
respuesta a un estímulo. El estímulo positivo no suele causar problemas y sí el
estímulo negativo. La respuesta al estrés es automática y con ella el organismo
se prepara para hacer frente a la nueva situación. Por tanto, se activa el organismo
o parte del mismo. Cuando las demandas de la nueva situación se han solucionado
cesa la respuesta de estrés y el organismo vuelve a un estado de equilibrio. Dado
que se activan una gran cantidad de recursos extraordinarios, el organismo se desgasta
cuando se repite con excesiva frecuencia.
BOURNOUT: entendemos su efecto como el agotamiento, desgaste o fatiga
psicológica en el trabajo, genéricamente como una forma de aflicción producida por
un sobreesfuerzo en el trabajo, que se manifiesta en severas pérdidas de energía y
en un descenso de calidad y cantidad de rendimiento.
Estar quemado conlleva un cansancio emocional provisto de una pérdida de motivación,
que suele progresar hacia la frustración y el fracaso. Soporta, además, sentimientos
de desesperanza e indefensión, pérdida de recursos emocionales y desarrollo de
actitudes negativas ante el trabajo, la vida y hacia otras personas.
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2.- Percepción por el profesorado: síntomas y causas.
El profesional de la enseñanza percibe y padece esta situación a través de los
propios síntomas de estrés, que la mayoría de las veces sí son semejantes a los de
bournout, y ambos desembocan en un absentismo intermitente e, incluso, en enfermedades
laborales. Enfermedad que puede venir acompañada de fuerte irritabilidad, insomnio,
vómitos, inestabilidad emocional, arritmias cardiacas, tensión nerviosa, preocupaciones
excesivas, falta de energías...
Por otra parte, son varias las causas que originan el estrés entre los docentes
y, de paso, abren el camino sin retorno hacia el efecto bournout. Los doctores
Maslach y J. Jackson destacan: la falta y premura de tiempo para terminar el trabajo
relacionado con las clases (preparación de las mismas, corrección de exámenes,
programación de actividades, etc.), las altas ratios que padecen las clases y la
falta de disciplina por parte de los alumnos, con reiteradas faltas de respeto hacia
los profesores, la mala organización que padecen algunos centros y la excesiva
burocracia a la que se ven sometidos los docentes por parte de la Administración,
y las respuestas y soluciones ineficaces dadas en el entorno educativo. A esto se
suma el excesivo número de horas lectivas que soportan algunos profesionales a lo
largo de la jornada escolar, la falta de apoyo y la baja consideración social que
actualmente la profesión de la enseñanza.
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3.- Consecuencias del estrés y del bornout.
Desde hace más de veinte años, en psiquiatría, psicología y medicina general,
se señala con interés creciente que el estrés y el efecto bournout inciden,
especialmente, en aquellos profesionales que mantienen un contacto directo y permanente
con las personas que son beneficiarias del propio trabajo, en concreto docentes,
personal sanitario, servicios sociales... Las consecuencias del desgaste profesional
de los docentes constituyen las manifestaciones clínicas que nos ocupan.
Consecuencias psicosomáticas: fatiga, dolores de cabeza, trastornos del
sueño, trastornos gastrointestinales, hipertensión, dolores musculares y desórdenes
menstruales.
Manifestaciones emocionales: el profesor Jesús de la Gándara destaca "...el
distanciamiento afectivo, la impaciencia y la irritabilidad, los recelos de llegar
a convertirse en una persona poco estimada y que pueden degenerar en desconfianza
y actitudes defensivas".
Consecuencias conductuales: absentismo laboral, aumento de la conducta
violenta y de los comportamientos de alto riesgo (juegos de azar peligrosos,
conductas suicidas, abuso de fármacos y alcohol), conflictos familiares y
matrimoniales.
La actitud defensiva se manifiesta en la incapacidad de estos individuos
para aceptar sus sentimientos. La negación de sus emociones es un mecanismo con
el que el sujeto trata de defenderse contra una realidad que le es desagradable.
En el ambiente laboral, cuando la Administración, el equipo directivo, la
Inspección, etc. no favorecen el necesario ajuste entre los docentes y los objetivos
a conseguir, aparecen aspectos tales como falta de energías, descenso en el interés
por los alumnos, percepción de éstos como frustrantes y desmotivados, alto absentismo
y deseo de abandonar la profesión. Como consecuencia de este proceso se produce un
descenso de la calidad de la enseñanza, que no es más que la expresión de una
pérdida de ilusiones. Este panorama difícilmente puede remitir por sí sólo si no
se introducen cambios en el contexto laboral.
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4.- Ayuda frente a estas situaciones.
Para combatir el estrés y no dar pié la espiral del efecto bournout, los profesores
han de superar un grave handicap: "...vencer su propia emoción negativa relacionada
con la impotencia de la solución deseada...", es decir, vencer su propio desánimo y
desesperanza.
Algunos especialistas en esta materia sostienen , como medidas efectivas para
vencer el estrés, controlar y conocer las emociones y los sentimientos propios, así
como desarrollar una actitud de preocupación despegada (dedicación sin absorción
total).
Otras medidas que señalan son:
Realzar y fortalecer la consideración social de los compañeros y colegas de
profesión para no sentirse aislado, así como la valoración positiva de los superiores,
tales como inspectores, directores, etc.
Realizar ejercicio físico adecuado y posible ya que, además de la mejora del
riego sanguíneo, un cuerpo saludable resiste mejor el estrés.
Desde el STEM, instamos a la Administración para que actúe frente a este problema,
que afecta aproximadamente a un 36,5 % del profesorado con una intensidad perjudicial
y patológica, planteando ayuda desde dos vertientes:
1. Desde la Prevención, estableciendo un plan preventivo y eficaz, realizando
reconocimientos médicos periódicos, bien por detección sintomática de cualquier
anomalía, o bien, cuando los solicite el personal docente.
2. Considerando enfermedades profesionales el estrés y el bournout, estableciendo
para su curación tratamientos adecuados por médicos especialistas e introduciendo
unidades de medicina paliativa en hospitales.
En algunos países de la UE, como Francia, llevan años introduciendo estos métodos
y tratando este problema con la consideración que se merece. Los resultados son
altamente satisfactorios entre los profesores.
En este sentido, considerando el estrés y el bournout como enfermedades profesionales,
la Administración educativa debería regular los puestos de trabajo no docentes para
que puedan ser ocupados por estos profesionales cuando así lo recomiende la inspección
médica.
Finalmente, y si la situación así lo demandase, defendemos sin ninguna duda la
regulación de un procedimiento por vía urgente de jubilación por incapacidad, no
sólo debido a estas enfermedades sino por otra causa cualquiera.
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5.- Enfermedades de la voz.
La voz es el instrumento de trabajo y de comunicación más fundamental del profesorado. El uso continuado o, mejor dicho, el abuso obligado de la voz conlleva un riesgo laboral importante. Así, observamos que las enfermedades otorrinolaringológicas son la tercera causa de las bajas laborales de los y las docentes.
La afonía se convierte en una dolencia frecuente entre un profesorado obligado a
elevar contínuamente la voz por encima del murmullo (o griterío de las aulas). Anteriormente
señalábamos que algunas afecciones de la garganta pueden ser una manifestación psicosomática
del estrés. La agresión a la laringe desemboca, muy a menudo, en lesiones como los
nódulos o los pólipos, que pueden precisar de intervención quirúrgica y reeducación
de la voz para llegar a la recuperación del paciente.
Los facultativos señalan que para frenar el deterioro del aparato foniátrico es
necesario recibir una adecuada formación sobre el uso y proyección de la voz, prescindir
del tabaco y bebidas alcohólicas, beber agua con frecuencia y procurar establecer
un grado de temperatura y humedad ambiental adecuados, no forzar la voz... Siendo
todo esto cierto, tales consideraciones soslayan el carácter de riesgo laboral que
tienen estas enfermedades para los docentes.
En abril de 1999, una sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Madrid consideró
como un accidente de servicio las lesiones que padecía (nódulos en la laringe) una
maestra que llevaba 27 años en la enseñanza, diez de los cuales había estado en pre-escolar,
concediéndosele una incapacidad total permanente para desempeñar su profesión. Dicho
tribunal estimó que las lesiones que padecía esta profesional son frecuentes entre
las personas que se dedican a la enseñanza. No obstante, un año más tarde, otro tribunal
daba la razón a un recurso presentado por el gobierno vasco, que establecía que las
dolencias de la voz de un docente no guardaba relación con su actividad profesional.
Nuestra insistencia en que estas dolencias sean incluídas en el catálogo de
enfermedades profesionales se basa en que sólo de esa forma puede ser reparado el
daño que el trabajo provoca en la salud, pero también se puede posibilitar una verdadera
labor preventiva, exigiendo que se cuide la acústica en las nuevas construcciones,
que se controle la temperatura y humedad de las aulas, que se forme (en horario y
lugar de trabajo) al personal en el uso y cuidado de la voz, que se proporcionen
micrófonos a aquellos docentes que presentan síntomas de enfermedad, etc.
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6. Enfermedades oseo-musculares.
Según estadísticas sanitarias recientes, al menos tres cuartas partes de la población
española ha sufrido alguna vez un dolor intenso de espalda. Algunos neurólogos y
traumatólogos hablan ya de la "enfermedad de la civilización". No en vano el dolor
de espalda es el problema que más prevalece en las sociedades industrializadas.
Se trata de un proceso tan frecuente que es el responsable de una de cada tres
bajas en el mundo laboral de nuestro país. Se calcula, por las mismas fuentes, que
alrededor del 50 % de las personas que interrumpen frecuentemente su actividad profesional
lo hacen debido a una pérdida considerable de la resistencia o movilidad de la
columna vertebral. Una sola de sus etiquetas, la tan conocida "lumbalgia", genera,
aproximadamente, dos millones de consultas al año y casi medio billón de pesetas en
gastos sanitarios.
Todos sabemos que la columna vertebral es el eje central del cuerpo humano. No
es una estructura rígida e inmóvil, sino que permite importantes movimientos en cualquiera
de las actividades de la vida diaria. Los profesionales de la enseñanza también estamos
sujetos a estas leyes de la columna vertebral y bajo sus efectos engrosamos las
estadísticas anteriormente mencionadas. No es cierto, aunque contradiga la opinión
popular, que las lumbalgias o lumbagos se produzcan por grandes esfuerzos. Según el
Doctor Hernán Silván, la mayoría de ellos "...son producidos a consecuencia de defectuosas
actitudes posturales o esfuerzos mínimos en mala posición para la columna o raquis...".
Otra gran parte de las molestias de la espalda están producidas por problemas
mecánicos degenerativos leves, como la artrosis. Estos dolores también pueden estar
causados por enfermedades del sistema nervioso, por traumatismos (como fracturas o
esguinces) o por procesos metabólicos y de descalcificación. Igualmente, puede, pueden
estar en su origen las enfermedades inflamatorias de las articulaciones de la
columna.
No menos importantes en dicha génesis es la exposición permanente y diaria que
sufren los docentes al tener que realizar esfuerzos psíquicos mantenidos, que
desembocan en estados de ansiedad y estrés y en trastornos psicosomáticos. Este
modo de anomalías conduce a la musculatura a contracción permanente y, al final,
a degeneración y deformación progresiva, especialmente en las zonas cervical y
lumbar.
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