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STEM DENUNCIA.



LA PRIVATIZACIÓN DE LA ENSEÑANZA HOY.

Los cambios experimentados por el sistema educativo en los últimos 15 años, en lo referente a la relación iniciativa privada y pública y en la gestión de los servicios educativos, están marcando una dirección que inexorablemente nos llevará a la situación existente en el momento de la publicación de la Ley General de Educación de 1970. Es decir, al predominio de la enseñanza privada, bien sea a través de sus propios centros o mediante la gestión por entidades privadas de los servicios públicos educativos.


Desde aquellos años 70, el crecimiento de la población, la fragilidad de la iniciativa privada y la intensa regulación del sistema educativo -mediante la LODE- colocaron a la enseñanza pública en una posición de predominio en España. Esa trayectoria está a punto de quebrarse quizá definitivamente.


El desmantelamiento del sistema público de enseñanza, seguido por las administraciones educativas, se ha producido de una forma sigilosa y ha contado con la colaboración inestimable de una ciudadanía y unas instituciones progresistas ensimismadas en sus propios intereses y miedos. El olvido de la existencia de las clases sociales y del orgullo de clase (hoy todos somos clase media), la necesidad de mantener unos sindicatos (creados con tantos sufrimiento, pero que se ven obligados a recurrir a financiaciones externas y a caer en clientelismos porque no se pueden mantener con las cuotas de los afiliados) han creado un caldo de cultivo para el silencio.


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La palabra privatización sólo se entona para hablar de los centros concertados en sus etapas obligatorias y, últimamente, en lo referente a las aulas de educación infantil de esos mismos centros; es decir, de la única privatización controlada y explícita. Se obvia, sin embargo, lo más peligroso: los centros de educación infantil, la formación profesional, la educación de adultos, la educación especial y, aunque en menor medida, los bachilleratos.

Hoy, en la Comunidad de Madrid, está concertada más del 75 % de la enseñanza obligatoria, más del 50 % de la educación infantil, el 50 % de la formación profesional reglada y el 20 % de los bachilleratos que se imparten en centros de titularidad privada. La práctica totalidad de formación ocupacional está en manos de la patronal, los sindicatos mayoritarios y las administraciones públicas municipales y autonómicas. La patronal y los sindicatos subcontratan gran parte de esa formación a empresas privadas, en tanto que las administraciones lo desvían -también en gran parte- a manos privadas, mediante fundaciones o patronatos.


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El 50 % de los centros de educación infantil de titularidad pública (Comunidad de Madrid y Ayuntamientos) están gestionados por empresas privadas, mediante un sistema de contratación de la gestión del servicio. Cuando la gestión se realiza directamente por el ayuntamiento, los sistemas de contratación son de lo mas variado, sin que ningún convenio unifique las condiciones de trabajo de estos enseñantes. En la educación de adultos, el panorama no es mucho mejor: las ONGs se van adueñando del sector y, cuando no son ellas, los ayuntamientos se encargan de desregularizar las condiciones de trabajo de los profesores que trabajan en los centros de adultos. La educación especial privada, con el proceso de integración de las personas con minusvalía, ha sufrido un crecimiento espectacular; el estancamiento -cuando no la reducción del número de centros de atención específica- ha impelido a muchos padres a la creación de centros específicos que no sólo reciben fondos de la Consejería de Educación, sino también de la de Asuntos Sociales.

La guinda se está poniendo con las actividades complementarias y de refuerzo. Salvo raras excepciones, todas se realizan por empresas privadas, ya sean ONGs o empresas creadas por las asociaciones de padres. Llegado será el día en que se empezarán a gestionar centros públicos de enseñanza reglada por empresas privadas; sólo falta la excusa para empezar y creemos que tienen una a la que el profesorado de la enseñanza pública no pondrá objeción: los centros de difícil desempeño, es decir, casi todos.

Es hora de parar esto. De nosotros depende.


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MERCANTILIZACIÓN Y PRIVATIZACIÓN DE LA ENSEÑANZA

 

Desde los años 70, la red privada concertada ocupaba un papel subsidiario con respecto a la Escuela Pública. La fragilidad de la iniciativa privada ante el fuerte crecimiento de la población escolar que se producía entonces, al igual que la ordenación legal (LODE), reducían a la red privada al papel de llenar aquel espacio al que no llegaba el Estado. La concesión de un concierto educativo debía pasar por el trámite de la consulta a una Comisión de Conciertos, donde se debía argumentar ante distintos agentes sociales el carácter social que cumpliría.

Encontramos, al comenzar la transición democrática, un caso excepcional de subvención a tramos educativos no obligatorios, que eran las “Filiales” de titularidad privada de Institutos de Bachillerato públicos. Estas filiales eran muy escasas y tendían a cubrir la insuficiencia de oferta pública en cuanto a enseñanzas medias.

Desde los años 80, los foros de discusión empresariales comienzan a demandar un mayor ajuste del papel de la escuela a sus exigencias, ajuste que pasaría por que la escuela formara la mano de obra que los negocios precisan, por educar en distintas vertientes al futuro consumidor y por abrir nuevos filones de rentabilidad económica relacionados con los procesos de formación. Casi a la par, numerosos estados comienzan a poner en práctica reformas educativas que se han caracterizado por el alargamiento del período de escolarización obligatoria, el aumento del tramo de educación comprensiva –todo el alumnado cursa las mismas materias- y por iniciativas que se presentan como una reforma y dignificación de los estudios profesionales (1). Poco más tarde, se abre el debate social sobre el descenso de los niveles en las enseñanzas medias, se centran las actuaciones educativas en la extensión de las TIC y el aprendizaje de lenguas extranjeras, se dirigen campañas para desmasificar la universidad, reorientando a los jóvenes hacia otros estudios -ó se promocionan estudios superiores de ciclo más corto, complementados con masters de pago- y comienza a hablarse de la “formación a lo largo de toda la vida”. La carrera hacia la mercantilización estaba ya abierta.

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En España, de forma discreta bajo las administraciones del PSOE y de forma más ostensible durante los períodos de gobierno del PP, comienza a alterarse la correlación entre el peso de lo público y lo privado dentro del sistema educativo. De forma simultánea a la apertura de nuevas vías de privatización, se procede a desregular múltiples elementos de la ordenación educativa y laboral (fragmentación del sistema educativo en multitud de subsistemas, implantación de programas modulares, proliferación de convenios y situaciones laborales específicas, etc.) y a degradar la calidad del servicio mediante el retraso en las construcciones, escasez de plantillas o incremento de ratios (2).

Se generaliza en Madrid la práctica de la gestión indirecta de centros de titularidad pública, especialmente en lo que se refiere a los centros de educación infantil o aulas municipales de música. Centros que ostentan la titularidad pública pasan a ser gestionados por empresas privadas, alcanzando este fenómeno unos porcentajes del 50% sobre el total de las escuelas infantiles y el 30 % en el caso de las escuelas de música. La práctica totalidad de centros que imparten estas enseñanzas que se están creando en la Comunidad lo hacen bajo estas formas de gestión.

Se consagra también la irrupción de las entidades “sin ánimo de lucro” en la vida educativa. Su ámbito ha ido ampliándose desde una relativa presencia en la educación de adultos (3), hacia los programas de garantía social, las acciones de compensación educativa o las actividades complementarias y de refuerzo. Comienza a ser habitual que, en los IES públicos, las horas de refuerzo, repaso y profundización que se imparten en horario vespertino estén a cargo de empresas privadas y no del profesorado de los cuerpos docentes.

Un proceso tan espectacular como silenciado por medios de comunicación y organizaciones sindicales es el de la concertación masiva de los tramos educativos post-obligatorios. Así, desde el peso marginal que ostentaban las filiales subvencionadas de los 70, nos encontramos con que, a comienzos de la presente década, gozan de conciertos el 50 % de la formación profesional reglada y el 20 % de los bachilleratos que se imparten en centros de titularidad privada.

Lo que ocurre en el campo de la Formación Profesional cabe calificarlo de auténtico desmantelamiento de la estructura educativa pública. La práctica totalidad de formación ocupacional está en manos de la patronal, los sindicatos mayoritarios y las administraciones públicas municipales y autonómicas. La patronal y los sindicatos subcontratan gran parte de esa formación a empresas privadas, en tanto que las administraciones lo desvían - también en gran parte- a manos privadas, mediante fundaciones o patronatos. El objetivo europeo de facilitar la movilidad de los trabajadores en el espacio comunitario se ha plasmado en una Ley de la FP y de las Cualificaciones (4) que, lejos de servir al objetivo de integrar los diferentes subsistemas, sustrae a la FP inicial del ámbito educativo, está proporcionando a los distintos “agentes sociales” inmensas cantidades de dinero de los Fondos Sociales Europeos y el control de buena parte de la formación. Esta ley dispersa y desregula la oferta educativa y, con su equiparación de “títulos” y “certificaciones de competencias”, pone el peligro el control público sobre las titulaciones, al igual que al trabajador se le reconozca en los convenios una categoría profesional y un nivel salarial determinado por su titulación.

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Se acelera, finalmente, la concertación de todas las enseñanzas, ahora no en nombre del interés social, sino de la demanda social, antesala del cheque escolar –en la Comunidad de Madrid ya han sido eliminadas las Comisiones de Conciertos-. Diversas variantes de “convenios”, entre los que se encuentran aquellos que aseguran un concierto a las empresas que edifiquen sobre suelo público, comienzan a florecer durante la legislatura de Esperanza Aguirre.

Lejos de garantizar la “libre elección” de centro, se instalan prácticas en la red concertada que la alejan totalmente del concepto de servicio público: selección de su alumnado por el centro, múltiples formas de cobro a las familias, incremento más acusado de ratios, incremento de la jornada lectiva hasta el extremo de generar una competencia desleal o control ideológico sobre su profesorado

No se puede ocultar que la lucha para defender de una escuela pública de calidad presenta unas perspectivas difíciles. Los poderes económicos vienen trabajando en la línea de la mercantilización desde hace muchos años, los foros y directrices internacionales están haciéndose eco de sus demandas (Directiva Bolkestein, Acuerdo General de Comercio y Servicios, etc.) y las leyes nacionales están introduciendo, progresivamente, buena parte de sus planteamientos. Nos hemos referido anteriormente a la Ley de la FP, pero debemos hacer notar que la recién aprobada Ley Orgánica de la Educación (5) establece que "El servicio público de la educación puede ser prestado por los poderes públicos y por la iniciativa social, como garantía de los derechos fundamentales de los ciudadanos".

Nos preocupa especialmente que todo esto esté sucediendo en medio del silencio, cuando no del consenso activo, de partidos políticos y sindicatos que se declaran partidarios de la escuela pública, pero que se encuentran atrapados por sus contradicciones ideológicas, intereses particulares o redes clientelares.
Como sindicato docente, tenemos ante nosotros la labor de combatir la desregulación laboral y educativa. La lucha por la equiparación de los derechos laborales del profesorado de la red privada concertada puede impedir que se consolide una mano de obra con costes muy inferiores, situación que puede generar una competencia desleal entre ambas redes. Tenemos la obligación moral de desarrollar una intensa labor de concienciación de la ciudadanía, entre la cual ha calado profundamente el discurso liberal y privatizador (6). Esperemos que la educación y la sanidad pública no tengan que ser desmanteladas para que se descubra, como ha sucedido con los transportes o con el suministro de energía, que la empresa privada proporciona una oferta más costosa para el consumidor y de peor calidad. Por competitivo que quiera ser, un negocio privado se mueve por el lucro, no por el beneficio social.

 

(1) Para algunos pensadores, como Michel Éliard, Nico Hirt o Antoine Prost, esta línea de reformas ha contribuido a que la escuela reproduzca aun más las diferencias de clase que antigua formación humanística dirigida a los sectores sociales altos.


(2) Para una visión de cómo se ha realizado este proceso en países anglosajones, consultar el artículo de Spark “USA: la empresa privada al asalto de la escuela pública”, publicado en el períodico Classe Strugle nº 26, enero y febrero de 2000. Traducido al castellano y resumido por José Antonio Alonso, miembro del secretariado de SUATEA, de la Confederación de STEs.


(3) La educación especial privada, con el proceso de integración de las personas con minusvalía, ha sufrido un crecimiento espectacular. El estancamiento - cuando no la reducción- del número de centros de atención específica ha impelido a muchos padres a la creación de instituciones que no sólo reciben fondos de la Consejería de Educación, sino también de la de Asuntos Sociales.


(4) B.O.E. 20-06-02


(5) B.O.E. 04-05-06


(6) Resulta relativamente frecuente, incluso entre los trabajadores de la enseñanza, la creencia en que todo servicio de pago es de superior calidad al servicio público. Así, puede darse la contradicción de que se defienda un servicio público como trabajador, pero que a la vez se sea consumidor de la escuela o sanidad privada.

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